Las 4 revoluciones del poderío feminista

Hablar de empoderamiento es hablar de <<relaciones de poder>>, de <<autonomía>>, de <<liderazgo>>, etc. Sin embargo, muchas veces el nivel conceptual se resiste en su traslado a lo práctico ya que, lo que las mujeres necesitamos palpar y sentir en cuerpa y alma, no tiene por qué coincidir con la teoría que explica qué es empoderarse. Si hay algo básico en esto es que nadie te empodera, te empoderas tú misma, de ahí las tantas definiciones de empoderamiento que puedan surgir como mujeres hemos experimentado el camino.

He removido mis tripas con verdadero sentido de empoderamiento la primera vez que tuve la oportunidad de contar mi historia como <<superviviente de violencia de género>>, con el simple hecho (no tan simple en realidad) de tener un espacio para expresarme sin que nadie me juzgase. He visto a mujeres empoderarse gritando ira y rabia como si no hubiera un mañana. Unas veces nos hemos empoderado como mujeres, otras como lesbianas, otras como gordas.

Y es que los lugares desde los que te empoderas son interseccionales, diversos, divertidos, amorosos, prácticos, emocionales, físicos, llenos de rabia y dolor, reconfortantes, alegres y orgullosos.

Hay dos cosas que son fundamentales en un proceso de empoderamiento: el arte de acompañar el grupo y la disposición del grupo a acompañar. El arte de acompañar amorosamente desde el respeto, la sabiduría de la experiencia y la escucha activa, con una entrega absoluta al momento que se está vivenciando, poniendo la consciencia en cada una de las acciones que circulan, siendo fiel a tus valores y a los valores del grupo, para así construir un espacio en el que vibre la individualidad y la colectividad, en definitiva, que vibre empoderamiento. Esto indudablemente genera un clima en el que se va a facilitar la disposición del grupo a acompañar cada uno de los procesos individuales de las mujeres que lo integran. Todas acompañamos y todas somos acompañadas.

Vivenciar un espacio de empoderamiento es entregarse a cuatro cosas maravillosas que cambiarán tu vida:

  1. ENAMORARSE DEL PROPIO CUERPO

Descubres que eres bella, que vales mucho en cuerpo-mente-espíritu. Aprendes a mirarte de otra manera, con amor, con cariño, con respeto, con deseo. Se revelan los misterios de tu cuerpo, porque hasta ese momento no le habías prestado la suficiente atención y de repente tienes sensaciones diferentes, nuevas zonas erógenas, mueves músculos que no sabías que tenías. Hasta te cambia el tono de voz. Empiezas a ser feliz de verdad estando en ese pellejo, con sus arrugas, manchas, pelos, pliegues. Ya no es un cuerpo discapacitado, no es un cuerpo gordo, no es un cuerpo incompleto, no es un cuerpo feo. Es un cuerpo, es tu cuerpo, es un cuerpazo ¡y es tuyo! Y después de la aceptación llega el amor, la verdadera revolución: la de los cuerpos que se aman.

  1. SANAR LA RELACIÓN CON <<TUS MUJERES>>

Romper con la linealidad del tiempo y el espacio y empezar a moverte en círculo; vivir en consonancia con la naturaleza y ser consciente de la propia ciclicidad. Ser más persona abandonando con cada paso cada una de las construcciones sociales que nos posicionaron en privilegio subalterno como humanas, sobre otras criaturas, sobre la madre tierra, sobre los árboles. Una armonía que viene del autoconocimiento de tu femenino asignado y de tu sexo sagrado, muy pensado en su forma arquetípica. Sanando tu visión de lo femenino para así sanar la relación con <<tus mujeres>>, la madre, la abuela, la hermana, la amiga, la vecina.

  1. PREPARAR UNA ESTRATEGIA VITAL DE AUTOCUIDADOS

Aprender a cuidarte es el tema número uno en la <<agenda del empoderamiento>> porque nosotras las mujeres ya sabemos de sobra qué es cuidar, pero necesitamos un empujoncito para priorizarnos, para auto cuidarnos. El sistema de cuidados que el patriarcado necesita es tremendamente complejo de desarticular porque cuando antepones tus necesidades y reflexionas profundamente sobre los roles y estereotipos impuestos, la rebelión está asegurada. Entonces viene el sistema y te da una gran bofetada de culpa. Además, hay que luchar contra múltiples instituciones del <<descuidado>>: alimentación capitalista y especista, cultura machista, el trabajo doméstico invisibilizado, la precarización del empleo de cuidados, etc. Uno de los caminos del empoderamiento más difíciles de cumplir en el día a día, donde hay que estar a pico y pala para que no nos olvidemos de quienes somos las verdaderas protagonistas de nuestras vidas. Nosotras mismas.

  1. ABRIRSE HACIA OTRAS FORMAS DE MIRAR EL MUNDO: SORORIDAD

El empoderamiento es generarse una mirada transformadora de las relaciones que existen entre las protagonistas del cambio, haciendo unidad de las diversidades. La sororidad es la herramienta de resistencia ante los ataques simbólicos y físicos que recibimos las mujeres en nuestro día a día. Es ese <<todas a una>> organizado, un mensaje lleno de ira, de autocuidados, de salud sexual, de todo lo que nos han negado.

8 noviembre, 2018

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